La cuota de petróleo en la demanda energética internacional descendió por debajo del 30 % por primera vez en cinco décadas, tras alcanzar su máximo del 46 % hace 50 años, según un informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), un descenso que atribuyen, en gran medida, a la creciente adopción de los coches eléctricos, especialmente en China.
En cualquier caso, la demanda mundial de petróleo creció un 0,8 % en 2024, aunque a un ritmo mucho más lento que el 1,9 % registrado en 2023. Esta desaceleración se debe, en parte, a la disminución del consumo en el transporte por carretera en economías avanzadas y en China, que compensó el crecimiento en sectores como la aviación y la petroquímica.
En Europa, aunque la transición hacia la movilidad eléctrica es más pausada que en China, se observan avances significativos, de manera que en Alemania, la flota de 1,4 millones de coches eléctricos ha reducido el consumo de combustibles fósiles en 1.100 millones de litros anuales, evitando la emisión de 3,4 millones de toneladas de CO₂ cada año.
Este cambio hacia la electrificación del transporte no solo disminuye la dependencia del petróleo, sino que también contribuye a la reducción de emisiones contaminantes.
Se espera que esta tendencia se intensifique en los próximos años, impulsada por la oferta creciente de coches eléctricos y la disminución de sus precios, algo que fomentará una mayor adopción y una reducción adicional en el consumo de petróleo y sus derivados.
Con todo, la AIE advierte que una demanda más lenta y una producción en aumento podrían generar un exceso de oferta en 2025, con un superávit estimado de 600.000 barriles por día.
Además, algunos factores como la fuerte producción en Estados Unidos, el fin de los recortes de suministro de la OPEP y un crecimiento de la demanda más débil de lo esperado debido a condiciones económicas, podrían contribuir a este excedente.
De esta manera, la creciente adopción de los coches eléctricos podría estar teniendo un impacto notable en la disminución de la cuota de petróleo en la demanda energética global, marcando un hito en la transición hacia fuentes de energía más sostenibles y en la lucha contra el cambio climático.