La Unión Europea exigirá que las flotas de vehículos de empresa sean eléctricas

La Unión Europea exigirá que las flotas de vehículos de empresa sean eléctricas

La Unión Europea ha tomado nuevas medidas para forzar la imposición del coche eléctrico y dar la espalda a los coches de combustión, de tal manera que a partir de ahora, obligarán a que todas las flotas de vehículos de empresa de más de 100 unidades sean eléctricas, una decisión que tendrá un impacto significativo en el mercado automovilístico europeo.

 

Esta normativa no sólo transformará el parque móvil de las grandes corporaciones, sino que también influirá en el mercado de segunda mano, ya que los vehículos eléctricos usados tienen actualmente una depreciación mucho mayor que los de combustión.

La medida se enmarca en el plan automotriz que la Comisión Europea ha diseñado a partir de un foro en el que participaron fabricantes, sindicatos, agentes sociales y consumidores que, a través de una serie de reuniones celebradas a finales de 2024, tenía como objetivo analizar la crisis que atraviesa la industria del automóvil en Europa y su pérdida de liderazgo internacional ante la arrolladora competencia de los fabricantes chinos.

A pesar de las preocupaciones del sector, el plan de Bruselas mantiene casi intacta su hoja de ruta hacia la electrificación del transporte, en la que destaca como uno de los pilares clave la estrategia de fomentar la producción de baterías dentro de la Unión Europea.

Sin embargo, en lugar de reducir la dependencia de China, se permitirá que las empresas de aquel país continúen dominando el sector, siempre con la condición de que colaboren con socios europeos para facilitar la transferencia tecnológica, una fórmula que recuerda al modelo que China aplicó en los años 90 con las marcas europeas que querían establecerse en su mercado, a las que obligaba a asociarse con fabricantes locales.

Hasta la fecha, la única iniciativa relevante en Europa para fabricar baterías a gran escala, la planteada por la compañía Northvolt, fracasó dejando el control de esta tecnología esencial en manos de Asia.

Así las cosas, sin una producción local de baterías, el ambicioso objetivo de electrificación europeo podría convertirse en algo así como intentar fabricar vehículos de combustión sin disponer de carburante.

A nadie se le escapa que la crisis que atraviesa la industria automovilística europea se debe, en gran medida, a la política de Bruselas de penalizar los motores térmicos con impuestos adicionales mientras fomenta la compra de coches eléctricos a traves de diversos incentivos. Sin embargo, la estrategia no ha funcionado como se esperaba y ha llevado a una caída de las ventas que está provocando un escenario económico incierto para los fabricantes europeos.

La posibilidad de imponer sanciones a las marcas que no cumplieran con sus cuotas de venta de eléctricos en 2024 fue otro punto de tensión, aunque finalmente se decidió flexibilizar los criterios y contabilizar las emisiones en un periodo de tres años en lugar de solo uno.

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