Los coches eléctricos podrian hacer que la red eléctrica fuera mucho más resiliente, y más en concreto, podrían servir como baterías portátiles que almacenan el excedente de energía que producen las instalaciones, para cuando la demanda aumenta, devolver esta misma energía a la red. Esta estrategia podría aliviar la presión sobre la red, reducir las emisiones y generar ingresos, pero solo si se combina con mejoras oportunas.
Al menos eso piensa un equipo de investigación internacional liderado por científicos de la Universidad de Míchigan y la Universidad de Hong Kong, que ha analizado este enfoque, y cuyos resultados se han publicado en la revista Joule, perteneciente a Cell Press.
Según recoge el estudio "el sector del transporte representa el 38 % de las emisiones de dióxido de carbono relacionadas con la energía en Estados Unidos",de manera que para hacer frente al reto de la movilidad en la transición energética, el equipo científico ha desarrollado un modelo integrado de transporte y energía centrado en el área de la Bahía de San Francisco (EEUU).
El objetivo es encontrar un escenario para que el vehículo eléctrico alcance en esta zona una penetración del 100 % entre 2030 y 2050.
El equipo ha comparado tres facetas diferentes en términos de rendimiento técnico, mitigación de carbono y análisis de coste-efectividad. En concreto, se ha centrado en la carga energética del vehículo a la red, la carga de la red al vehículo y la carga no gestionada bajo ninguna de estas estrategias. Los autores han detllado que "los resultados muestran que la V2G puede reducir sustancialmente la sobrecarga de transformadores y las emisiones, pero no puede sustituir las mejoras necesarias en la red".
En este sentido, Ziyou Song, autor principal del estudio e ingeniero energético de la Universidad de Michigan, ha explicado que "se ha debatido si los vehículos eléctricos son realmente ecológicos y sostenibles, ya que gran parte de nuestra electricidad aún proviene de combustibles fósiles", y ha añadido que "al mismo tiempo, la red eléctrica tiene dificultades para absorber fuentes de energía renovables intermitentes e impredecibles como la solar y la eólica".
En el caso del España, la generación renovable lidera el sistema eléctrico, y en el año 2025 se hizo cargo del 55,5 % de la demanda. De las fuentes no renovables, a la cabeza estuvo la nuclear, que aportó el 19 %, y le siguieron los ciclos combinados, con una participación del 16,8 % en el mix. Así lo refleja el Informe del Sistema Eléctrico 2025 que publicó Red Eléctrica de España el pasado mes de marzo.
Para construir una red robusta y completamente verde es necesario aportar inercia, que es lo que normalmente aporta estabilidad a la red. Las fuentes tradicionales de energía utilizan turbinas rotatorias, que al ser muy pesadas, son las que proporcionan esta inercia. Sin embargo, la solar o la eólica carecen de estas turbinas, pero los dispositivos electrónicos pueden incluir la tecnología grid-forming. Traducido como "formación de red", este mecanismo aporta "inercia sintética" y garantiza su estabilidad.
Las baterías de almacenamiento son una manera de desarrollar el grid-forming, y aquí es donde los coches pueden jugar un papel clave. La tecnología V2G consiste en un software que permite a las estaciones de carga de los coches comunicarse con la red eléctrica, lo que resuelve ambos problemas, ya que permite a los vehículos eléctricos tanto recibir energía como devolverla cuando sea necesario.
Este flujo de energía bidireccional contrasta con los sistemas de carga actuales, donde la electricidad fluye únicamente de la red al vehículo. Para evaluar su potencia, los investigadores proyectaron la propiedad de vehículos eléctricos y la adopción de energía solar, determinaron cuándo y dónde se cargarían los vehículos y calcularon la rentabilidad de modernizar la red de forma progresiva –en varias fases– frente a hacerlo de manera proactiva –en una única fase–.
Los principales activos de la red eléctrica, como los transformadores, duran décadas, mientras que los cargadores V2G tienen una vida útil limitada y se pueden ampliar a medida que aumenta la adopción de vehículos eléctricos. En este sentido, el equipo ha señalado que gran parte de su trabajo se basa en pronósticos, como cuántos coches eléctricos habrá en circulación dentro de 20 o 30 años, qué políticas se implementarán y con qué rapidez se extenderá la energía solar en los tejados.
Los cambios políticos, especialmente en lo que respecta a los incentivos para coches eléctricos, podrían modificar el cronograma, ya que "la tecnología V2G es prometedora para abordar muchos desafíos en el sistema eléctrico, especialmente a medida que integramos más energías renovables", ha explicado Shunbo Lei, ingeniero energético y coautor de la Universidad de Hong Kong.

