Concluyen que la mecánica del coche eléctrico recorta las visitas al taller y abarata cada servicio

Concluyen que la mecánica del coche eléctrico recorta las visitas al taller y abarata cada servicio

El mantenimiento del coche eléctrico está reescribiendo el mundo de la posventa, teniendo en cuenta que las revisiones periódicas cuestan hasta un 68 % menos que en un coche de gasolina, y que el taller pierde buena parte de su negocio de recambios.

 

En España, los coches eléctricos son todavía poco más del 1 % de los coches que circulan, pero su efecto sobre la facturación de la posventa, sin embargo, es mucho mayor que ese porcentaje. En este sentido, un informe del Centro Común de Investigación (JRC) de la Comisión Europea, titulado Transformación de los mercados de automoción, calcula que los talleres europeos podrían asumir un 45 % menos de reparaciones entre 2020 y 2030.

La Confederación Española de Talleres (CETRAA) ya había advertido en 2019 que la actividad podría caer a la mitad por una razón es puramente mecánica, basada en que un motor de combustión mueve alrededor de 2.000 piezas; mientras que el de un eléctrico se queda en una veintena, lo que borra del calendario la correa de distribución, el aceite, los filtros, las bujías y el catalizador, que son justo las operaciones que más factura generan.

Desde el lado del recambio, ANCERA apunta en sus previsiones que hasta el 70 % de las operaciones de posventa pueden desaparecer en los próximos años, sumando también el efecto de la conectividad y del control de datos. Según los datos citados por el sector, el 83,7 % de las revisiones de un eléctrico se hace todavía en concesionario oficial.

La consultora Solera ha puesto cifras a este desplome, y en su informe La descarbonización de la postventa calcula que, si el parque español llegara a ser completamente eléctrico en 2050, la facturación del sector caería un 38 %: de 13.639 a 8.472 millones de euros.

Para el bolsillo del conductor, la noticia es buena, ya que según el análisis de Solera, en 2024 la factura media de una reparación era de 513 euros en un coche de combustión frente a 368 euros en uno eléctrico, casi un 28 % menos; mientras que en las tareas periódicas de mantenimiento, el ahorro llega al 68 %.

Pero hay más partidas que se reducen. Las pastillas de freno duran mucho más gracias a la frenada regenerativa, que usa el motor para retener y recargar, un punto en que el ahorro puede alcanzar el 74 %. Si se suman las revisiones más baratas y las operaciones que ya no existen, el ahorro anual puede acercarse a los 500 euros.

En el lado negativo, los neumáticos de un eléctrico se desgastan antes por el peso de la batería y la entrega instantánea de par, así que hay que cambiarlos con más frecuencia, al tiempo que sustituor la batería de tracción no baja de los 10.000 euros y, en casos extremos, ha llegado a superar el precio del propio coche.

La inspección apenas cambia para un eléctrico, ya que sigue comprobando frenos, neumáticos, luces, suspensión y dirección, aunque se salta todo lo relacionado con emisiones y gases, que sencillamente no existen. En este caso, el ahorro no está en lo que mira, sino en lo que ya no puede fallar.

El otro cambio es quién repara. Adaptar un taller a la alta tensión no es barato, ya que solo los equipos de seguridad cuestan entre 5.000 y 6.000 euros, según ASETRA, a lo que habrá que sumar la formación. Por este motivo, cuando haya que tocar la parte eléctrica, conviene elegir un centro con certificación específica para vehículos eléctricos.

Así las cosas, parece claro que el coche eléctrico abarata el mantenimiento, pero no lo elimina; y lo sensato es no relajarse con las revisiones de seguridad: frenos, neumáticos y luces, y vigilar el estado de la batería antes de que el problema se vuelva caro.

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