Shell acaba de presentar un prototipo de coche eléctrico que bajo el nombre de Triple 10 Challenge permite pasar del 10 al 80 % de carga en menos de 10 minutos, sin usar un cargador ultrarrápido, además de alcanzar un consumo de 10 km por kWh y limitar la huella a 10 toneladas de CO₂ durante todo el ciclo de vida del coche.
No se trata de un coche pensado para poner en el mercado, sino una demostración de filosofía de diseño, que en lugar de perseguir autonomías enormes con baterías gigantes, propone exprimir la eficiencia, bajar el peso y gestionar mejor el calor para cargar rápido sin depender de infraestructura extrema.
El prototipo logra esos tiempos con un cargador de 175 kW, una potencia mucho más común en la red pública que las estaciones de más de 300 kW que suelen exigir esos tiempos y que aún escasean en buena parte de Europa, y que permite recuperar hasta 24 kilómetros de autonomía por minuto enchufado, frente a los 13 km por minuto aproximados que consiguen muchos eléctricos actuales con esa misma potencia.
Estaríamos hablando de casi el doble sin pedir una estación más potente, ya que recupera hasta 24 km de autonomía por minuto con un cargador de 175 kW, habitual en la red pública.
La clave está en el calor, ya que la carga ultrarrápida calienta mucho las celdas, y precisamente ese es el límite real. De esta manera, el prototipo recurre a un fluido dieléctrico que Shell presenta como Shell Recharge thermal fluid, y que al no conducir la electricidad, permite la refrigeración directa por inmersión de la batería y la refrigeración indirecta del motor y la electrónica de potencia, dentro de una arquitectura térmica simplificada.
El proyecto no se queda en los tiempos de enchufe, y Shell asegura que el conjunto mejora la eficiencia energética en más de un 30 % respecto a muchos eléctricos actuales, un consumo muy bajo de 10 kWh/100 km que quedan muy por debajo de la media del coche eléctrico actual, que ronda los 16-18 kWh/100 km y se va por encima de los 20 en los modelos más grandes y pesados.
A esto hay que añadir que la simplificación del pack de baterías permitiría recortar su coste en torno a un 25 %, y además, Shell estima una huella de carbono de unas 10 toneladas en todo el ciclo de vida, en torno a un 50 % menos que la de muchos eléctricos que hoy se venden en Europa, un cálculo del propio fabricante, que parte de supuestos como el diseño ligero, los materiales reciclables y la recarga con electricidad 100 % renovable.
Queda claro pues que el Triple 10 Challenge es una prueba de concepto, no un modelo que vayas a encontrar en el concesionario, pero queda claro tambien que Shell no tiene intención de fabricarlo en serie, y que su objetivo es crear una base tecnológica que otros fabricantes puedan adoptar en futuros eléctricos de gran volumen.

