Incorporar una ‘tercera dimensión’ a la movilidad es el objetivo de las grandes ciudades, y muchas empresas visionarias ven en ello una revolución con grandes beneficios económicos y sociales. Ahora, en China, donde la nueva movilidad es cuestión de estado, están a punto de comenzar a producir el primer coche volador en serie.
De esta manera, la compañía china Aridge, filial de Xpeng Motors, ha presentado el primer coche volador modular denominado Land Carrier, inaugurando la que la compañía afirma que es la primera línea de producción en serie de coches voladores del mundo.
El objetivo es que este primer modelo se utilice para vuelos de prueba experimentales, verificando su rendimiento y puliendo en lo posible los procesos productivos. De esta forma, Aridge pretende sentar las bases para poder producir coches voladores a gran escala ya en 2026.
Con una superficie de 120.000 m², la planta de Aridge en Guangzhou integra tecnologías de automoción y aviación en cinco talleres especializados: materiales compuestos, sistemas de propulsión, conexiones, pintura y montaje final.
Con un ciclo de producción de 30 minutos, se estima que la fábrica tendrá una capacidad para producir hasta 10.000 unidades al año, lo que permitirá una entrega global a gran escala en un futuro próximo.
Este vehículo volador consta de dos módulos: un vehículo terrestre y una unidad aérea desmontable. El módulo terrestre utiliza una disposición de tres ejes y seis ruedas con tracción total y dirección trasera, y en su módulo de tierra cuenta con tracción a las cuatro ruedas, y en él pueden acomodarse hasta cinco pasajeros. Por su parte, en el módulo aéreo solo pueden hacerlo dos, convirtiéndose en una aeronave totalmente eléctrica de seis rotores con un fuselaje de fibra de carbono y rotores de doble conducto.
El diseño del sistema pretende reducir el peso estructural y mejorar la eficiencia, por lo que la aeronave se podra utilizar en modo de vuelo manual o autónomo.
La movilidad aérea urbana es una actividad emergente, pero incluso en los países más desarrollados como China, gran parte de las operaciones se realizan bajo excepciones regulatorias, con el objetivo de ganar experiencia e ir generando una regulación adecuada para este tipo de actividad.
El coche volador no solo abre nuevas oportunidades para aliviar la presión sobre las infraestructuras terrestres, sino que también permite repensar el urbanismo desde una perspectiva tridimensional.
Conceptos como aerotaxis, drones de reparto, corredores aéreos urbanos y nodos de intercambio multimodal tienen el potencial de transformar profundamente la forma en que entendemos la conectividad y la accesibilidad en las ciudades.
En Europa, el desarrollo de una normativa para las operaciones en el ámbito urbano busca garantizar la seguridad y la integración con la ciudad de una forma sostenible, y ciudades como Dublín, Róterdam, Hamburgo o Helsinki ya están participando activamente en proyectos piloto que buscan probar corredores aéreos urbanos, desplegar servicios U-space y ensayar operaciones con drones de reparto, entre otras, tanto en el marco de iniciativas de I+D como a través de programas propios.
