Hace algún tiempo, la empresa alemana Rheinmetall proponía una nueva solución de carga: poner enchufes en las aceras, tratando de buscar soluciones a quienes querían saltar a un coche eléctrico o híbrido enchufable pero no tenían un garaje. Tiempo después, tras recibir el visto bueno de las autoridades, la compañía empezó una prueba piloto en 2024 en el centro de Colonia y Lindenthal, un barrio residencial de la ciudad caracterizado por sus casas bajas e individuales.
La idea consiste en aparcar en la acera y en el suelo, en el bordillo, encontrar un enchufe escondido en una tapa. Se escanea un código impreso en el mismo y se conecta el coche con tu propio cable de carga para uso de corriente alterna. Como si fuera cualquier otro punto de carga, ambos extremos quedan unidos y al finalizar el pago se pasa mediante el uso de una aplicación en el móvil.
En líneas generales, los resultados de este proyecto piloto han sido buenos, y según la compañía, en un año se realizaron un total de 2.800 ciclos de carga en los que, de media, los coches recargaron 18 kWh lo que en ciudad suponen más de 100 kilómetros de autonomía para un coche eléctrico y entre 80 y 100 kilómetros en carretera.
Cada día, estos enchufes se utilizaron una media de dos veces, y la disponibilidad del mismo fue del 99 % por lo que apenas se han producido averías, unos buenos datos si los comparamos con la media europea y española.
En nuestro país, los enchufes públicos solo se utilizan 1,5 veces al día y, de media, cada cargador solo está ocupado entre 30 y 120 minutos al día en Europa.
La empresa ha pasado una encuesta a los usuarios, quienes han ofrecido su punto de vista al sistema, y en la misma se recoge la puntuación entregada por los conductores y algunas notas, quejas o recomendaciones que hacían los clientes.
En total, el sistema ha obtenido 4,38 puntos sobre cinco, pero sobre todo, ha recibido unas valoraciones muy positivas entre los clientes con más de 60 años, que valoran la simplicidad del sistema. Además, los encuestados destacan que los enchufes no han sufrido daños con el agua y que tampoco se han encontrado que el vandalismo o los actos incívicos que hayan supuesto un problema a la hora de recargar.
Destaca el hecho de que la tapa que esconde el enchufe ha sido diseñada para que se abra con un pequeño empujón del cable de carga, lo que permite al cliente levantar dicha tapa sin necesidad de tocarla con la mano.
Uno de los principales problemas de este tipo de puntos de carga está en el coste del enchufe, ya que cada uno de ellos cuenta con refrigeración y climatización propia para mejorar la carga, por lo que cuesta 5.000 euros, una cantidad muy alejada de lo que cuesta un cargador doméstico tradicional.
Además, si se quiere sacar el máximo partido al sistema, sería necesario reservar el espacio para estos puntos de carga en la calle, por lo que no hay diferencia con cualquier otro punto de carga público a menos que se llene la calle de enchufes. Es decir, como sucede con los enchufes públicos que no se encuentran en una gasolinera, se reduce el espacio de aparcamiento para reservar unas plazas que no siempre están ocupadas.
El sistema es tan sencillo como el de incluir enchufes en los bordillos de las aceras pero con la diferencia de que la toma llega desde una farola y no necesita una instalación en el suelo.
El problema de este tipo de recargas es que la carga lenta conlleva horas y horas con el coche enchufado, y si una toma carga nuestro coche a 7,4 kW de potencia, será necesario gastar unas 10 horas para llenar por completo la batería de un vehículo de 60 kWh, un tamaño escueto y que está en la frontera entre quienes quieren el coche para un entorno urbano y los que quieren animarse a viajar con él.
Estas recargas pueden resultar interesantes si el precio es bajo, pero obligan a que, para sacar el mayor partido, tengamos que dejar el coche aparcado allí toda una jornada laboral o toda una noche.
El sistema, por tanto, es ineficiente en cuanto a dar servicio a más de un coche, y para cargar a esta potencia, los datos dicen que la mayoría de los conductores de coches eléctricos ya cargan en casa, mientras que fuera de la misma, el cliente suele optar por recargar a potencias más altas.
