En el mundo del automóvil existe una evidente división entre quienes defienden los coches eléctricos y quienes siguen apostando por los motores de combustión tradicionales, provocando un debate complejo en el que entran en juego factores como el consumo, las emisiones, la experiencia al volante y el ahorro. El caso es que más allá de las opiniones personales, hay una serie de diferencias técnicas entre ambos sistemas que muchas veces pasan desapercibidas para la mayoría de conductores, y el calor que desprenden es una de ellas.
Un grupo de investigadores ha utilizado cámaras térmicas para revelar la diferencia de calor entre los motores de gasolina y los vehículos eléctricos modernos. A simple vista ya es posible distinguir un vehículo de gasolina de uno eléctrico, pero a través de la lente de una cámara térmica, esas diferencias son todavía más notables.
En el caso de un eléctrico, el calor se concentra principalmente alrededor de los componentes electrónicos, incluidas las ruedas y las luces. Además, la energía y el calor se disipan mucho menos que en los térmicos, ya que al no haber un motor central que queme combustible, el calor se desplaza del capó a las ruedas y a componentes específicos de refrigeración de la batería, aunque esas zonas también mantienen una temperatura bastante más baja que un tubo de escape tradicional.
Esta huella térmica pone de relieve la eficiencia térmica y el menor desperdicio de calor de los motores eléctricos.
El caso es que en los coches eléctricos la energía que se produce no se desperdicia, algo que sí ocurre en la mayoría de los motores de combustión interna, algo que se puede ver fácilmente a través de una cámara térmica... y es que en el caso de los coches de gasolina o diésel, el calor es mucho mayor y se concentra en toda la parte delantera, justo donde está el motor, así como en las ruedas responsables de la tracción.
La huella térmica es el resultado de la combustión química y la fricción mecánica, que dejan un rastro claro de desperdicio de energía, que asu vez hace que algunas piezas se sometan a temperaturas muy altas y, por lo tanto, que los fabricantes tengan que incluir sistemas de refrigeración.
La consecuencia práctica de todo esto es que los componentes del vehículo eléctrico suelen tener una mayor durabilidad.

