Durante mucho tiempo se ha venido hablando sobre las ventajas e inconvenientes de los coches eléctricos, pero nunca antes se había mencionado el hecho de que son prácticamente inmunes a los amantes de lo ajeno, y es que un estudio nuevo estudio ha demostrado que los coches eléctricos son mucho menos propensos a ser robados.
Los datos públicos generales recogen un ligero incremento en el número de vehículos sustraídos, sin embargo, dejan claro que los ladrones no tienen ningún interés por los coches impulsados con baterías, un fenómeno que genera un debate interesante entre los propietarios.
De acuerdo con el último balance de criminalidad emitido por el Ministerio del Interior, en 2025 se produjeron en total 33.032 sustracciones de vehículos, una cifra que representa un ligero incremento del 0,2 % con respecto al año anterior. Esta cantidad equivale a una media diaria de 90 coches robados, un nivel que demuestra que el problema sigue activo incluso a día de hoy con los cada vez más avanzados sistemas de protección incorporados en los vehículos.
Con todo, mientras que los todoterrenos y berlinas de lujo con motor de combustión siguen siendo los objetivos prioritarios de las mafias organizadas, los eléctricos rara vez terminan en la lista de "más buscados", y la logística internacional juega un papel crucial en este desequilibrio, ya que muchos de los coches robados en suelo alemán y/o español tienen como destino mercados secundarios en Europa del Este, el norte de África o el Cercano Oriente, regiones donde la infraestructura de carga es todavía deficiente, lo que convierte al coche eléctrico robado en un producto difícil de mover, de cargar y, sobre todo, de revender a un precio que justifique el riesgo del delito.
Además, los ladrones utilizan cada vez más amplificadores de señal para engañar al coche y hacerlo creer que la llave está cerca, permitiendo abrir y arrancar sin forzar nada, pero es normal que los coches eléctricos no necesitan sacar la llave del bolsillo para abrirse y, en algunos casos como Tesla, el mando físico es reemplazado por una tarjeta.
De esta manera, tras el robo, se emplean inhibidores para bloquear las señales GPS y evitar que el propietario o la policía puedan rastrear la posición del vehículo.
Así las cosas. ante la dificultad de vender el coche entero, algunas bandas se están especializando en el robo de piezas específicas más que en el vehículo completo.
Por otra parte, robar un coche eléctrico implica planificar dónde se va a cargar durante la huida, y las estaciones de carga suelen estar vigiladas por cámaras o requieren una identificación digital para activar el proceso, de manera que para un delincuente que busca pasar desapercibido, detenerse 30 minutos en un cargado, supone una exposición innecesaria.
Además, el interés del mercado negro en regiones como el sudeste de Europa o Asia occidental se centra todavía en los componentes de combustión, mientars que los motores eléctricos y las baterías de gran formato son más difíciles de colocar de forma anónima y requieren un conocimiento técnico especializado para su manipulación tras el robo, lo que reduce drásticamente el margen de beneficio para las bandas organizadas.
Esta tendencia tiene un efecto directo en el bolsillo del consumidor, pero tambien en las pólizas de seguro, de manera que si un modelo es menos propenso al robo, el riesgo para la aseguradora disminuye, lo que a largo plazo debería reflejarse en primas más contenidas para los coches eléctricos, en comparación con sus equivalentes de gasolina o diésel de alta gama.
Lo bueno es que mientras la infraestructura global de carga no se equipare a la de los combustibles fósiles, el coche eléctrico seguirá siendo el "patito feo" para los amantes de lo ajeno, y un aliado para quienes buscan dormir más tranquilos.

