La rentabilidad del coche eléctrico en España avanza con más fuerza que en la mayoría de los países de Europa, según ha confirmado la Guía Europea de la Movilidad 2026 de Ayvens, difundida en nuestro país por Ganvam, un informe anual que analiza 30 países europeos y mide el grado de madurez de cada mercado en electrificación.
Esta guía no se limita a contar matriculaciones, sino que cruza fiscalidad, coste energético, infraestructura y valor residual para calcular cuándo un eléctrico resulta más entable frente que uno de combustion. En este contexto, España se sitúa entre los países que mejoran notablemente la rentabilidad del vehículo eléctrico frente al de combustión.
Se trata de una conclusión es relevante, ya que hasta hace poco, el coche eléctrico solo ganaba en nichos con incentivos fuertes o uso intensivo.
El estudio sitúa a España entre los mercados con mayor potencial de electrificación. Se trata de un término que no es casual, ya que potencial viene a significar que hay margen para que el coste total de uso siga bajando y la cuota crezca sin depender solo de las ayudas públicas.
Se da la circunstancia de que en el mercado del renting, esta métrica es la manda, ya que la cuota mensual se calcula con el coste total de propiedad, es decir, lo que pierde el coche, lo que gasta en energía y lo que cuesta mantenerlo. De esta manera, si el eléctrico mejora su rentabilidad relativa, la oferta comercial se vuelve más agresiva.
Esta mejora no se explica con un solo factor, de forma que la Guía de Ayvens lee el mercado español dentro del contexto europeo y detecta que los costes de uso del eléctrico están convergiendo con los del gasolina más rápido que en otros países, lo que no significa que todos los conductores deban cambiarse ya, sino que la brecha se estrecha y que el argumento de que el coche eléctrico es solo para ricos, empieza a quedarse corto.
En este contexto, conviene mirar la letra pequeña del renting, que viene a decir que un coche eléctrico con batería pequeña puede salir a cuenta en el uso urbano; mientras que en las largas distancias, la infraestructura de carga todavía pesa en la decisión.
Este cambio se nota antes las flotas, ya que las empresas revisan cada tres o cuatro años sus políticas de renting y son las primeras en mover ficha cuando el coste total de uso se iguala. Vienen a decir que si se comparan las cuotas, no hay que quedarse en el precio de tarifa; sino que hay que preguntar por el coste energético estimado, el mantenimiento incluido o la previsión de valor residual... y es justo ahí es donde el coche eléctrico ha mejorado posiciones.
Así las cosas, la guía no dice que la gasolina haya perdido la partida en todos los casos, sino que viene a demostrar que España ha reducido distancias y que el coche eléctrico ya no necesita un discurso ideológico para justificarse.
La conclusión es que en el caso de las flotas y el renting, la rentabilidad marca el ritmo de la electrificación más que la norma de emisiones; un punto en el que la tendencia resulta clara.

