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Amnistía Internacional advierte de los riesgos medioambientales y éticos del coche eléctrico

Amnistía Internacional ha puesto denunciado la falta de ética y el riesgo medioambiental que suponen los coches eléctricos en el marco de la Cumbre de Vehículos Eléctricos Nórdicos que se está celebrando estos días en Oslo, Noruega.

Para esta organización, estos vehículos no son todo lo limpios que en principio parece, y destacan que aunque es cierto que los vehículos eléctricos tienen cero emisiones, también explican que el trabajo necesario para producir su componente más importante: el paquete de baterías, es de todo, menos limpio.

Para Amnistía Internacional, "los vehículos eléctricos son clave para alejar a la industria del motor de los combustibles fósiles, pero en la actualidad no son tan éticos como algunos minoristas quieren que creamos", y advierte que las baterías de iones de litio "están vinculadas a abusos contra los derechos humanos, incluido el trabajo infantil en la República Democrática del Congo, y los riesgos ambientales que podrían socavar su potencial ecológico".

Esta afirmación la realizan tras un extenso proceso de documentación y estudio de las graves violaciones a los derechos humanos relacionadas con la extracción de los minerales utilizados en las baterías de iones de litio, especialmente en la República Democrática del Congo, país en el que se encuentran más de la mitad de las reservas mundiales de cobalto, material indispensable para la producción de estas baterías.

En 2016, la ONG encontró que niños y adultos en el sur del país trabajaban en minas de cobalto excavadas a mano, enfrentándose a graves riesgos de salud, que preocupan a la organización. Y no sólo eso, sino que también han detectado fuertes violaciones de los derechos humanos de los pueblos indígenas que viven cerca de las minas de litio en Argentina, donde se están desarrollando proyectos mineros en tierras que son el hábitat de estas comunidades indígenas, y se está haciendo sin el consentimiento de las mismas, y tampoco con la debida información de los riesgos a los que se ven expuestos, especialmente en la posible intoxicación del agua de la que se sirven para vivir.

Otro de los problemas, según la ONG, es el modo de fabricación de las baterías, cuya producción se centra en China, Corea del Sur y Japón, países en los que la electricidad se produce por medios fuertemente contaminantes nada respetuosos con el medio ambiente, por lo que se está logrando un efecto inverso en el objetivo de reducir las emisiones: un coche eléctrico no las produce, pero su producción las genera en abundancia.

Por ejemplo, y además de en la producción de energía, en la búsqueda de minerales como el cobalto, el manganeso y el litio ha provocado un aumento del interés en la minería de aguas profundas, que tiene graves e irreversibles impactos en la biodiversidad. "Con la creciente demanda de baterías, ahora es el momento de una revisión drástica de nuestras fuentes de energía que prioriza la protección de los derechos humanos y el medio ambiente", ha explicado Kumi Naidoo, secretaria general de Amnistía Internacional.

El último problema, que no el menos importante, reside en la forma de deshacerse de las baterías usadas, ya que se están desechando de manera irregular. La ONG ha pedido a las empresas que "se aseguren de que las baterías se desechen de manera responsable"; ya que una eliminación irresponsable provoca contaminación al suelo, el agua y el aire, además de que los residuos contienen materiales peligrosos para la salud.

Por todo ello, Amnistía Internacional, que considera el coche eléctrico como el futuro, pone sobre la mesa el modo irregular en el que se está enfocando su desarrollo, con un aumento de los problemas medioambientales, de salud y de derechos humanos, en el que la conclusión es que no todo es tan limpio como parece.

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