¿Como afecta la "guerra del cobalto" al mercado de los coches eléctricos...?

La Federación de Industrias Alemanas lleva advirtiendo desde hace tiempo que se acerca una escasez de materias primas para la fabricación de baterías eléctricas, ante una demanda que crece más rápido que la capacidad de producción. Más del 60 % del cobalto proviene de la República Democrática del Congo (RDC), donde los temores sobre la inestabilidad política y los desafíos del abastecimiento ético se combinan para poner en peligro el suministro.

Parece claro que sin cobalto, cobre, grafito, litio o manganeso no habrá tecnología eléctrica, al menos hasta que haya alternativas viables. En este sentido, el precio del cobalto alcanza ahora mismo los 91.000 dólares la tonelada métrica; y solo en marzo de este año se ha pagado aún más caro, alcanzando los 94.800 dólares.

El cobalto es uno de los principales materiales para la producción de baterías de automóviles junto con el litio. En aleación con otros metales, cuenta con propiedades que hacen que las baterías sean más duraderas y asequibles. Desde que en 2010 se introdujera la cotización del cobalto en la Bolsa de Metales de Londres, su precio se ha disparado más de 270 %.

La exportación de cobalto del Congo a China comprende el 40 % del comercio mundial de este material; y esta fiebre del cobalto está haciendo que fabricantes como Volkswagen o BMW ya estén pensando en alternativas. De hecho, a finales de año, Volkswagen se reunió con grandes productores de cobalto, incluido el gigante minero Glencore, para negociar acuerdos de suministro, sin mucho éxito al parecer. BMW por su parte ha invertido 200 millones de euros en un centro para fabricar celdas de batería ante la probable escasez de materias primas a las que se enfrenta Alemania. El objetivo es controlar toda la cadena de valor, desde la selección de materiales hasta la subcontratación de celdas de batería.

Al menos media docena de desarrolladores de minas de Australia y Canadá están actualmente en conversaciones sobre potenciales acuerdos de suministro con baterías y fabricantes de automóviles para la producción en algún momento más allá de finales de 2019-2021, según Reuters. Y es que sus recursos representan una solución a la inestabilidad política que reina en la RDC. De hecho, cualquiera que tenga suministro de este material fuera de África, tiene asegurado como mínimo el interés de muchos inversores y prospectores.

La explotación en Australia y Canadá será pequeña de momento, produciendo alrededor de 1.000 a 5.000 toneladas respectivamente, en un mercado global que se espera que se incremente a unas 157.000 toneladas para el 2023. De hecho, la fiebre por este material ha devuelto a la vida a un pueblo canadiense llamado Cobalt, en Ontario.

Hasta hace tres años, se producía en el mundo más cantidad de cobalto de la que se consumía, pero con el auge del coche eléctrico y de la cada vez más competitiva industria de los teléfonos móviles y otros dispositivos, ha llegado ha disparar su precio y su interés por los inversores. En 2014, aproximadamente 40.000 niños trabajaron en minas en el sur de la RDC, muchos de ellos extrayendo cobalto y bajo el mando de los señores de la guerra, según UNICEF.

El cobalto tiene la cualidad de potenciar las propiedades de otros metales como el litio, el componente más usado en las baterías, y según datos de la BBC, los fabricantes de baterías acaparan cada año el 45 % de la producción global de este mineral.

En 2016, un informe de Amnistía Internacional sacó a la luz el precio que pagan los trabajadores en la RDC: adultos y niños que arriesgan sus vidas al extraer de peligrosas minas el material. El informe documenta cómo los comerciantes compran cobalto en áreas donde abunda el trabajo infantil y lo venden a Congo Dongfang Mining, una subsidiaria del gigante mineral chino Zhejiang Huayou Cobalt Ltd.

En declaraciones a la ONG, los niños admitieron que trabajaban hasta 12 horas al día en las minas, llevando cargas pesadas para ganar entre uno y dos dólares por día. En 2014, aproximadamente 40.000 niños trabajaron en minas en el sur de la RDC, muchos de ellos extrayendo cobalto y bajo el mando de los señores de la guerra, según UNICEF.

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