¿Es el grafeno la gran solución para los coches eléctricos?

El mundo del motor siempre se ve afectado de una o de otra forma por las nuevas tecnologías que llegan a nuestras vidas, y el grafeno es el material de moda del que muchos están hartos de escuchar hablar en forma de promesas, pero que podría cambiar para siempre el mundo de la movilidad eléctrica.

El grafeno es un material que, de llegar a producirse en masa, supondría todo una revolución en todos los ámbitos de la tecnología ofreciendo unos dispositivos electrónicos que gracias a las características de esta sustancia serían plegables, mucho más compactos e, incluso, mucho más rápidos.

Todo esto tendría numerosos beneficios para el mundo de las cuatro ruedas, más allá de los habituales centrados en pantallas táctiles, sensores, paneles solares, transistores...etc.

Los científicos han dejado claro que dentro de poco se va a conseguir una autonomía superior a la que ofrecen los actuales vehículos y puede que el grafeno tenga un desempeño importante y revolucione el mercado, si se desarrolla correctamente.

Según Roberto Clemente, CEO de Gnanomat los investigadores crearon este material mediante un proceso de exfoliación a partir del grafito y hasta ese momento toda la comunidad científica consideraba que era imposible lograr extraer una lámina de un solo átomo de carbono.

El grafeno es carbono puro pero con unas propiedades "diferentes" y el hecho de poder aplicarlo a nuestra vida diaria, llegó a conseguir un premio nobel en 2010 para sus creadores: Andrei Geim y Konstantin Novoselov.

Lo interesante de este material es su conductividad eléctrica gracias a sus propiedades; además es un material elástico, flexible, resistente y ligero. Los científicos consideran que la mejora de las baterías de grafeno para coches eléctricos son una realidad, y aunque en la actualidad son cuatro empresas las que lo fabrican a nivel industrial, se espera que para 2020 el mercado mueva más de 700 millones de euros provocando un gran cambio en la situación actual.

Roberto Clemente ha explicado que el problema reside en la producción, ya que se vende por kilos y no por toneladas ampliando enormemente el valor final de mercado. Según destaca, una vez que se regularice este sistema, las situación va a cambiar favorablemente.

Para vincular el grafeno con los coches eléctricos, es necesario pensar en las baterías de litio-azufre o metal-litio. Estas últimas triplican la autonomía de las baterías y si lo comparamos con los inicios, el número aumenta a diez multiplicando la distancia que se puede recorrer.

Clemente explica que la mayoría de resultados proporcionan unos datos fantásticos en el laboratorio pero que a la hora de implementarlos, no cuadraban de la misma manera por falta de tecnologías complementarias, pero es rotundo al afirmar que esto puede cambiar en menos de 5 años si se revoluciona el sector tecnológico.

Se supone que los 100 o 200 kilómetros de autonomía actual en la mayoría de coches eléctricos van a desaparecer dentro de poco y la mayoría comenzarán a rondar los 500 km; un dato fantástico para todos los usuarios. Con la implementación del grafeno rondaremos los 800 a 1000 km de autonomía.

Además, el peso de las baterías será muy inferior al actual, su carga se completará en menos de 10 min y el tamaño se verá reducido entre un 20 % y un 30 % dentro de poco.

Otra aplicación muy interesante es el tiempo que se tarda en recargar un coche eléctrico gracias al grafeno. Se combina con los supercondensadores y hoy en día, ya se utiliza en proyectos científicos acercando su implementación en el sector del motor antes de lo que imaginamos; por no hablar del aumento de la densidad energética, provocando una reducción de tamaño de las baterías.

Pero no todo es positivo con el grafeno, ya que la inestabilidad del material, es uno de los principales motivos para que no haya conseguido el monopolio del mercado. Su proceso de producción es demasiado caro, aunque conseguirlo no sea un problema gracias al carbono.

La sensación que transmite este material es que sigue siendo una incógnita con muchas posibilidades y que todo va a depender de cómo se mueva el mercado en los próximos meses.

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